Como ya sabemos el escenario político, económico y social en
Chile ha pasado por diversas etapas y modificaciones, la sociedad participante
también. En esta ocasión voy a remitirme a la evolución que se ha generado
desde la gran crisis que comienza en 1970, se desata en 1973 y comienza a ver
soluciones a partir de la década de los 90’s. No indagaré en los hechos puntuales
ocurridos, sino más bien en el rol que el ciudadano en Chile ha ido ejerciendo,
y desde ese enfoque es que me surge la siguiente interrogante: Ante las grandes
dificultades a las que nos vemos enfrentados hoy en día como sociedad ¿Es
prudente asociarlas netamente a una mala gestión del estado que nos gobierna, o
cada uno de nosotros como ciudadanos tenemos una gran responsabilidad en cómo
se ha articulado ésta?
En los inicios
de la década del 70’cuando resulta electo democráticamente el presidente Salvador
Allende, comienza una revolución donde el pueblo y sobre todo la clase obrera
se manifiesta, eligiendo a un candidato que a criterio de la ciudadanía iba a hacer
valer sus derechos, se rompe un esquema en el contexto social, y se le da voz y
voto a quienes jamás lo habían tenido, y encontramos en aquellos tiempos a un
gran número de personas empoderadas de su participación dentro de la sociedad,
incluso algunos ejerciendo roles como actores sociales para los cuales no
estaban capacitados. Sin embargo, en este gobierno se gesta una crisis que en
parte muy poco tiene que ver la participación u opinión de los ciudadanos, sino
que debido a una mala gestión por parte de quienes gobernaban en ese entonces.
Es así como emerge el gobierno militar para auxiliar de alguna manera una
crisis que a simple vista se veía muy difícil de superar y que incluso gran
parte de los ciudadanos que votaron por el antiguo gobierno apoyaron esperando
una mejora en la calidad de vida.
Este nuevo
gobierno se impuso como una dictadura cruel y sangrienta, descartando de la
sociedad a todo aquel que pensara distinto a su ideología, y obligando a todo
un pueblo a actuar y acatar toda norma de convivencia y vida social, política y
económica bajo su régimen. Cambiaron la Constitución por la que se regía el
país e imponen un nuevo modelo económico, todo esto acontecido sin concebir la
opinión de la ciudadanía. Vemos aquí una dictadura autoritaria donde el rol del
ciudadano se remite a callar, acatar y obedecer por miedo, y no tan sólo por
miedo si no que porque no existía otra opción. Aquí no existió participación
alguna, no hubo pie para críticas, ni para la libertad que cada persona tiene
derecho de ejercer, por 16 años se vetó la mayor arma que tenemos como personas
para validar nuestra participación ciudadana: el voto.
Como bien
menciona Silva (2001)” la ciudadanía es
el resultado de una construcción histórica de los sujetos con el Estado. Esta
relación tiene como sustento la necesidad de los individuos de regular, normar
y establecer criterios de vida en común…ciudadano es aquel
individuo que interesada y conscientemente se sitúa como un sujeto de
interlocución, de reflexión con otros, y también con las autoridades.”
Tras finalizar
el período de dictadura, es precisamente ese concepto el que se busca retomar,
ampliando así los campos de participación en una nueva forma de gobernar que
prometía una vuelta a la democracia. En esta etapa el rol del ciudadano
comienza a tomar fuerza nuevamente, donde encontramos a personas que
participan, opinan, pero la crítica no toma tanto peso, puesto que cualquier
gobierno que se hiciera llamar democrático ya era mejor que lo vivido
anteriormente. Sin embargo, tras existir mayores vías de información sin tanta
restricción en cuanto a prensa, televisión, radio, y el surgimiento de la
Internet como nueva vía de acceso a la información es que se comienza a
visualizar que pese a todo cambio, seguíamos inmersos bajo un mismo modelo, se
prometen cambios, reformas, sin embargo, nos empezamos a dar cuenta que la
sociedad la dirigen otros más poderosos y que los espacios para ejercer nuestro
rol como ciudadanos no se ve reflejado en la manera de cómo va funcionando el
país.
En el caso de
Chile, ni su tradición histórica, ni su cultura política y sus prácticas
estatales, ofrecen modelos útiles para la incorporación de la participación
ciudadana. El estado unitario, centralizado y dividido sectorialmente; el
sistema político presidencialista (reforzado por el carácter binominal del
actual sistema electoral), junto al impacto de las reformas institucionales
neoliberales (muchas de las cuales no han sido modificadas con posterioridad a
1990), crean condiciones desfavorables para la participación. (Delamaza, 2011)
Poco a poco, y
gracias a un movimiento estudiantil que tomó fuerza es que comienza a
debatirse nuevamente la poca cabida que tenemos como ciudadanos, lo que ha
generado que la crítica social comience a tomar validez tanto para las
autoridades como para los propios participantes de la sociedad. Hoy en día las
redes sociales cumplen un rol fundamental para la libre expresión de la
ciudadanía, podemos darnos cuenta que existe una fuerte y cruda crítica contra
nuestros gobernantes, existe un gran número de personas que se instruye, lee,
se informa, y no sólo de lo que sucede en nuestro país, si no que de la
situación en distintas naciones.
Respondiendo a la interrogante que planteé en un inicio, me surge la
reflexión de que si bien siento que la información existe, se sabe y los
ciudadanos la manejan, sobre todo los jóvenes, quienes pueden ser el gran motor
de cambio; el rol del ciudadano moderno en Chile, actualmente se basa en una
crítica consciente, dura, con buenos argumentos e ideas de cambios, pero que
carece de ejecución de la misma. El ciudadano actual se queda en las ideas,
pero no en las acciones, podemos verlo reflejado en lo que mencioné
anteriormente como la mejor arma que tenemos para validarnos como actores de la
sociedad, el voto, y esto se plasma no tan sólo en la poca participación
electoral, también se visualiza en los gobiernos que resultan electos,
criticamos y votamos por lo mismo que criticamos y luchamos. Por esto es que
considero que el rol que el ciudadano actualmente ejerce en Chile contribuye a
que la sociedad y personas de gobierno que tanto criticamos se mantengan tal
cual como han estado durante los últimos 25 años.